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Mayor protagonismo de las ciudades en la nueva dinámica de la inversión internacional

Artículo de Enrique Fanjul, Socio Fundador de Iberglobal Consultoría de Internacionalización. Septiembre de 2020

La crisis de COVID-19 está provocando grandes alteraciones en los flujos económicos internacionales. El mundo ya había entrado desde hace algún tiempo en una fase de desglobalización, que previsiblemente se intensificará con la pandemia. Con el COVID se abren nuevas incertidumbres sobre el futuro y la estructura de la globalización y, en particular, sobre el papel y la configuración de las inversiones extranjeras.  

Los pronósticos apuntan a la mayor caída en los flujos de inversiones desde la Segunda Guerra Mundial. El World Investment Report de la UNCTAD  prevé una caída del 40% en 2020, que se prolongaría con una caída del 5% en 2021, para iniciar una recuperación en 2022. Estas previsiones hay que tomarlas con la lógica prudencia, dado el alto nivel de incertidumbre existente en relación con la duración y el control de la pandemia.

Eficiencia versus resiliencia

Como consecuencia directa de los trastornos causados por la pandemia, la seguridad de los abastecimientos de productos ha pasado a un primer plano. Esto se aplica a productos estratégicos como los médicos, pero también a todo tipo de productos que alimentan las cadenas globales de valor. Las interrupciones y retrasos en los suministros que ha provocado el coronavirus, por las alteraciones en los procesos de producción y en el transporte de mercancías, han hecho que la seguridad en el aprovisionamiento se haya convertido en un factor prioritario.

Las cadenas globales de valor habían experimentado un crecimiento constante desde principios de los años 90, llegando a suponer en torno a un 50% del comercio mundial , pero en estos últimos años habían comenzado a perder fuerza. Diversos factores explican el retroceso en las cadenas globales de valor. Por un lado, está el proteccionismo. Por otro, el aumento de los salarios y del nivel de renta en los países en desarrollo, que eran destinos de deslocalizaciones –y aquí el caso de China es el más relevante, con diferencia–, ha hecho que se reduzcan las ventajas de deslocalizar. Por otra parte, los desarrollos tecnológicos como la digitalización, robotización, automatización, inteligencia artificial, impresión en 3D, han provocado que pierda relevancia el factor trabajo en los procesos productivos.

La pérdida de fuerza de las cadenas globales de valor afecta lógicamente de forma negativa a los flujos de inversiones extranjeras: menores deslocalizaciones implican menores inversiones. 

Las nuevas valoraciones sobre seguridad pueden tener también un impacto considerable. Las empresas van a aumentar la valoración del riesgo que supone depender para sus inputs de suministros procedentes de localizaciones alejadas geográficamente. Los trastornos que estamos viendo actualmente en los procesos de producción, que han supuesto en ciertos casos la paralización total de los mismos debido a la interrupción en el suministro de componentes esenciales, constituyen una llamada de atención muy clara sobre estos riesgos.

No sólo una epidemia médica como la actual puede alterar los flujos de bienes intermedios, sino también otros fenómenos como guerras, catástrofes naturales, etcétera.

En el pasado, las decisiones de deslocalización estaban basadas en motivos económicos: principalmente reducir costes. Ahora, entrarán en juego consideraciones de seguridad nacional, salud pública, geopolítica. Estos cambios tendrán un efecto negativo para muchos países en desarrollo, reduciendo sus posibilidades de desarrollo industrial a través de la integración en cadenas globales de valor.

La conveniencia de reducir la dependencia de suministros fabricados en localizaciones alejadas puede dar nueva fuerza a algunas tendencias en las inversiones extranjeras que ya se venían registrando desde hace algún tiempo. Por un lado, la relocalización o reshoring de actividades productivas que habían sido deslocalizadas en el pasado. El proteccionismo y la reducción de los diferenciales de salarios ya habían impulsado esta tendencia.

Por otra parte, la creciente importancia de la producción en proximidad ha provocado que en una serie de productos se registre una tendencia hacia la localización del proceso de producción de forma “regional”. Es decir, los centros productivos no se sitúan necesariamente en el mismo país, pero sí en países próximos.

Un creciente intervencionismo de los gobiernos

Otro rasgo destacado de los últimos tiempos es que el intervencionismo de los poderes públicos está aumentando de forma notable. Ello se debe, en primer lugar, al ascenso del proteccionismo y el nacionalismo económico. En segundo lugar, el intervencionismo está creciendo por razones de seguridad estratégica. En lo que se refiere a las inversiones extranjeras, en numerosos países se está tomando conciencia de la necesidad de mantener un control sobre sectores estratégicos, limitando por tanto su apertura a la participación de inversiones extranjeras.

La Unión Europea puso en marcha el año pasado un mecanismo de screening o control de inversiones extranjeras de este tipo. En España, entre las medidas tomadas con motivo del coronavirus, se encuentra un refuerzo de los controles sobre las inversiones extranjeras.  El objetivo es  mantener un cierto grado de control sobre sectores y empresas estratégicos. Además, la crisis económica acarreada por el coronavirus ha provocado una caída generalizada en las cotizaciones del valor de las empresas. Se quiere limitar que ello pueda ser aprovechado para adquirir empresas por parte de intereses de otros países.

El nuevo mecanismo de la UE no está pensado en teoría para ningún país en concreto, pero es evidente que es el auge de las inversiones chinas lo que está detrás de su creación. La adquisición por empresas chinas de empresas de tecnología avanzada,  sensibles para la seguridad y la defensa nacional, en sectores críticos de infraestructura, ha despertado las alarmas.

No se trata simplemente de que las empresas de un país concreto estén llevando a cabo adquisiciones de importantes empresas europeas. Las características políticas y económicas de China añaden un matiz importante. Se trata de un país con un régimen político muy distinto al de los países europeos, muchas de sus empresas inversoras son empresas estatales, que se benefician de una serie de ventajas por parte de su Administración, en primer lugar financieras. Incluso las empresas privadas en China no son como las empresas privadas de otros países, ya que mantienen de hecho una estrecha relación con el poder político.

Vamos así hacia un futuro en el que las inversiones extranjeras van a ser objeto de una mayor vigilancia, y de una valoración en la que se tomarán en cuenta más aspectos que antes. Las inversiones seguirán siendo deseadas y cultivadas, pero al mismo tiempo, se valorarán sus implicaciones económicas y políticas, la naturaleza de los inversores (en particular si son empresas estatales y, en este caso, la  naturaleza del sistema político de sus países), la necesidad de mantener un control sobre sectores críticos para el futuro de la economía.

El protagonismo de las ciudades

Las grandes ciudades, las metrópolis, se están convirtiendo en elementos clave de referencia a la hora de tomar decisiones de localización de inversiones. Buena parte de los inversores no comienza su proceso de toma de decisiones al nivel de país. Muchos comienzan eligiendo una región, y cada vez son más los que orientan su decisión hacia la elección de una ciudad concreta. En especial, los inversores de los sectores tecnológicos son los que tienen mayor propensión a basar su proceso de decisión en el nivel regional o de ciudad.

¿Cuáles son los factores clave que los inversores consideran a la hora de valorar una ciudad? El más relevante es el desempeño económico, seguido del coste de la mano de obra, el tamaño del mercado, la disponibilidad de talento, y la seguridad y criminalidad.

¿Qué factores pueden explicar esta creciente relevancia de la ciudad como actor de la internacionalización?

Un factor fundamental es el de los cambios estructurales en la economía y, en especial, el crecimiento del sector servicios. Para los servicios, el espacio físico, el suelo, es un elemento secundario. Para las industrias, en cambio, el espacio físico es determinante. Pocas industrias se establecen en el interior de las ciudades. Por el contrario, las empresas del sector servicios, como empresas tecnológicas, financieras, de servicios profesionales, se implantan en los núcleos urbanos.

El punto clave en el papel de las ciudades (y de sus áreas metropolitanas) en la internacionalización es lo que podría denominarse el “efecto concentración”: las ciudades concentran recursos, conocimientos, empresas, instituciones, servicios.

El primer factor a considerar en este sentido es el talento. Para las empresas disponer de una concentración de talento en un espacio geográfico próximo, así como de todo el ecosistema relacionado con el mismo (universidades, escuelas de negocio, centros de investigación), es un factor crítico a la hora de tomar la decisión de dónde establecerse.

Relacionado directamente con el talento está la calidad de vida. Una ciudad con una buena calidad de vida tiene una mayor capacidad para atraer y retener talento.

Un tercer elemento para la actividad de las empresas, y cuyo marco espacial de referencia es también la ciudad, es el de las posibilidades de networking, contactos, sinergias con otras empresas, así como la disponibilidad de servicios profesionales. Aquí también el marco espacial de referencia es la ciudad en la que se establece la empresa, no tanto la región o el país.

La conectividad internacional es un cuarto elemento. Qué duda cabe de que, en el caso de España, Madrid ofrece por ejemplo claras ventajas, por su red de comunicaciones aéreas con Latinoamérica, y sus comunicaciones por diversas vías con el resto de Europa y el Norte de África.

Por último, hoy en día contar con buenas infraestructuras digitales es esencial en ciertos sectores, y éstas alcanzan los mayores niveles de desarrollo en zonas urbanas. Madrid ofrece también en este aspecto condiciones muy favorables.

El creciente protagonismo de las ciudades ha hecho que los gobiernos municipales presten una atención cada vez mayor a las actividades de promoción internacional. Dentro de ellas, un lugar destacado corresponde a la captación de inversiones extranjeras. La creación de Madrid Investment Attraction y su creciente impacto en este ámbito es un buen ejemplo de ello.